En el Livro do desassossego,
de escritura impotente, escribir es olvidar, y la literatura la manera más
agradable de ignorar la vida. Las escrituras imposibles pessoanas son
ejercicios de somnolencia: "Y es una brisa nueva esta somnolencia con la
que puedo andar, inclinado hacia el frente en una marcha sobre lo imposible".
Como un arqueólogo
recomponiendo los restos de una jarra que nunca existió completa, Pessoa
realiza su práctica del fragmento. O livro do desassossego podría considerarse
como un pálido indicio de ese espacio inexistente. El desasosiego es también "el
cansancio de todas las ilusiones y de todo lo que hay en las ilusiones —la
pérdida de ellas, la inutilidad de tenerlas, el antecansancio de tener que
tenerlas para perderlas, el pesar de haberlas tenido, la vergüenza intelectual
de haberlas tenido sabiendo que tendrían tal fin".
Pessoa declaró la tragedia
principal de su vida como su privilegio de penumbra. Estaríamos frente a un
alma para quien la acción ya no es consuelo y el conocimiento no supera el muro
socrático salvo para perder la única certeza: "Todo queda envuelto por el
frío del misterio": el horror metafísico del otro, la imposibilidad de
ser, conocer y amar.
Muchos de los textos
literarios que dejó incompletos eran con frecuencia apuntes para sí mismo.
Prefirió considerar sus obras como apenas aproximadamente existentes y el Libro
del desasosiego que nos legó es ese rompecabezas incompleto que se rearma una y
otra vez. Como un clásico, Pessoa habría rechazado lo discontinuo e inacabado
de su libro. Como un romántico, dejó la obra como está, en construcción, más
inacabada cuanto más la preparaba. Habría concebido su obra para hacer hablar a
aquello que no tiene palabra.
La obra de Pessoa no está
hecha sino de hipótesis de escrituras nunca concretadas: como él mismo escribe,
su instinto de perfección debería prohibirle lograr, y hasta debería prohibirle
comenzar. El texto es siempre otro. No habría sino que abdicar frente a la
supremacía del misterio. Alberto Caeiro, por ejemplo, no piensa, no pregunta ni
interpreta. Su poesía intentaría iluminar con su visión lo que llama "la
espantosa realidad de las cosas": el hecho de que una piedra sea una
piedra y de que allí resida el supremo misterio del mundo.
Nuestro autor procuró
contener "lo que tuvo forma sólo en una sonrisa o en una oportunidad..."
Los relatos de muerte son la condición misma de la escritura, especialmente de
la muerte de la memoria: le sucedía a Bernardo Soares el reencontrar pasajes
que no recordaba haber escrito pero que tampoco recordaba haber podido
escribir. Y entre estos universos de pasajes imposibles hay otros sesenta y
tantos heterónimos de los que apenas nos llegan noticias. La creación
heterónima traduce al mismo tiempo la impotencia de concebir y expresar la
Unidad y la tentativa de aproximarse a ella bajo la forma de unidades
diferentes. La visión de un universo que nos reenvía permanentemente a nuestra
propia imagen es a la vez la de un ser humano prisionero de su impotencia
radical. El "drama en gente" es eso mismo: su contenido sería el de
la impotencia creadora.
La "oportunidad
fallada" de Pessoa está en el origen de su metamorfosis en los
heterónimos. El fracaso de Pessoa es la condición misma de las obras en que se
multiplica. Y ha sido vista en esa acción a pesar de todo de Pessoa (pues
escribir versos es una acción, aunque el tema sea el de la imposibilidad de
actuar) una salida para los impasses de su existencia. Aunque ya no haya lugar
alguno donde ir restaría por lo menos la tarea de expresar esa impotencia. En
la derrota se hallaría su victoria.
En el caso de Alvaro de
Campos, también nos hallamos frente a la conciencia de la derrota. Su
disponibilidad para la contradicción y su esencia de fallado lo caracterizarían
como un impotente, pero no por no tener energía sino porque su propia energía
lo vuelve impotente.
El ataque a la gramática, y
especialmente al verbo, representa una apertura a la multiplicidad de la
inacción que de por sí abre los horizontes de las posibilidades del hacer:
"Ver claro es no actuar". Por eso no se pretende explicar racionalmente
o controlar el mundo, y esta actitud sería, paradójicamente, racional. Actuar
sería practicar, imperfeccionarse, exiliarse, desorientarse.
En el caso de O Guardador de
Rebanhos de Alberto Caeiro nos encontramos con una evocación de la
imposibilidad de alcanzar aquello que trasciende la percepción humana. Allí el
poeta buscaba lo "imposible por naturaleza". Y ha sido vista la heteronimia
misma también como una búsqueda de respuesta a esas imposibilidades.
Nos encontramos en Pessoa
entonces con una estética fragmentaria construida con los materiales del
límite. Si la belleza es imposible, aún queda la descripción de su fracaso, lo
que demanda soñadores consumados.
Pessoa se interesa en la
literatura como punto de reencuentro y conflicto de una presencia y una
ausencia, en un espacio donde las cosas son y no son al mismo tiempo. La
literatura sería para el autor portugués una vía de conocimento que cultiva la
paradoja, y la gran literatura sería por tanto siempre ontológicamente
"débil" y filosóficamente fuerte. El llamado "caminho da
Serpente" nos lleva a reconocer a la literatura como una gran red
cognitiva y como una confesión de insuficiencia. O livro do desassossego, en
particular, es la confesión de un ser cuyas virtualidades no pueden realizarse.
Se trataría de un ser inacabado, haciéndose constantemente y por lo tanto sin
futuro, como el libro.
Una especie de no-libro o
libro imposible coronaría el itinerario de aquel que se quiso nuestro viajante
sin camino. Del libro imposible, texto diferido sin cesar, símbolo de la
incapacidad de dar forma a un texto cerrado sobre sí mismo y símbolo de su
certeza de la imposibilidad de cerrar un texto, los compiladores han hecho por
suerte el libro llamado O livro do desassossego, texto que Pessoa nunca tuvo
físicamente frente a sí, libro imposible. Se trataba de la angustia de
comprobar que: "hablábamos de las cosas imposibles y todo el paisaje real
era imposible también".
El Livro do desassossego ha
sido visto por el mismo Pessoa como una ensoñación permanente. Y el sueño no
descansa porque está habitado por lo imposible. Según él, somos desilusionados
que vivimos del sueño: ilusión de quien no puede tener ilusiones. El lugar del
sueño es el de la potencia no realizada, la vida social durmiente. Y más vale
no poseer el sueño, para no perderlo y, con él, el horizonte de lo imposible.
Escritores y textos caen y
nacen. Y algunos nacen ya muertos o mueren al caer, buscando lo imposible:
"La vida, dijo Tarde, es la búsqueda de lo imposible a través de lo
inútil; así diría, si lo hubiera dicho, Omar Khayyam".
La lectura y el sueño
también se vuelven imposibles. Inevitablemente, los sueños son también, de esta
manera, historias imposibles e inacabadas que se realizan en el olvido:
"Para realizar un sueño es preciso olvidarlo, distraer la atención de él.
Por eso realizar es no realizar".
Pessoa ejemplifica entonces
la voz de un exilio, el canto de lo imposible. Se pasó la vida haciendo
catálogos de obras que nunca escribió. Su obra es un paso hacia esas
literaturas imposibles definidas por la ausencia. Sus imposibles revelan lo que
nunca se revela totalmente: algo sería posible en lo imposible. La poesía es en
él la inminencia de la posibilidad de lo imposible.
Pessoa, escritor canónico
portugués, hace hablar a las literaturas imposibles, ligando su escritura a un
despertar de aquellas. Escribió para nombrar fracasos.

Sem comentários:
Enviar um comentário