Hay
demasiada gente, demasiadas miradas, demasiados gestos. El mundo necesita de
una cámara capaz de registrar todos los rostros antes que estés se escapen, se
marchen de este mundo. Últimamente me acuerdo, más de lo normal de mi abuelo,
un ser qué a lo mejor no vivió como si la vida fuese una obra de arte, pero con
sus tímidas pinceladas pudo tornar más bello mi mundo. Hay veces que me
concentro y intento volver a ver su dulce mirada, como si el siguiese
aquí conmigo, como si nunca se hubiese ido. Y es que de vez en cuando hay pinceladas de hombres y mujeres que quedan
grabadas a fuego en esta realidad tan extraña para que conste que ellos pasaron
por aquí para ser eternos.

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