segunda-feira, 15 de dezembro de 2014

Crónica de un viaje a Mozambique

El mundo, en su inmensidad, es sí mismo una carretera que la mayoría de nosotros desea recorrer. Como amante de los viajes, decidí aventurarme a conocer el continente
Africano. Partí en un viaje de treinta y un días. Primer paraje: Mozambique. El principal motivo, el hecho del idioma ser el mismo que el mío (portugués) y también por tener conocidos viviendo en ese país Africano: Esos factores, para quien viaja sola como yo, son fundamentales a la hora de decidir el destino. Me acuerdo el primer día en el cual salí sola a la calle. Temperatura, sonidos, olores, colores…Todo se mezclaba en mis sentidos, penetrándome los ojos, los oídos, la nariz con una intensidad tan fuerte y acelerada que aún hoy me cuesta describirlo.

Digamos que ya he estado por bastantes países, pero nunca había sentido el shock de sensaciones que sentí ese día en la capital de Mozambique. Maputo es una ciudad en ruinas, donde los edificios que
existen aún son de la época de los colonizadores portugueses. Ciudad repleta de vestigios del Viejo Mundo Europeo, repleta de destrozos: Edificios cayendo, aceras destrozadas. Pisar el suelo es casi una maniobra de riesgo, donde al mínimo descuido te puedes jugar tu integridad física. Pero, por entre todos eses destrozos, aparecen nuevos edificios que florecen como las plantas en primavera. El “nuevo” que intenta implantarse, la mistura de épocas, de clases sociales tan desequilibradas como no había visto nunca: un banco al lado de una casa de tierra, un buen restaurante al lado de los nativos que venden comida en la calle, un centro comercial que emerge por entre los destrozos de algo que un día habrá sido nuevo y bonito, pero que se quedó ahí, pudriéndose. Todo debido al gran investimento extranjero, que no solo está experimentando Mozambique, como también otros países africanos.
En África no existe el tiempo. Por lo menos no existe el tiempo tal como nosotros lo concebimos. No hay horarios, no importa no tener trabajo, no importa faltar a tus obligaciones. Solo se piensa en el presente y en satisfacer el deseo o necesidad inmediata. No existen planes de vida complejos.

Durante mi permanencia en Maputo tuve la oportunidad de hacer voluntariado en una institución portuguesa, designada Casa do Gaiato, gestionada también por un padre portugués. Me acuerdo que el padre José María nos contaba a los voluntarios que la aldea donde estaba el orfanato, la aldea de Masaca, a cerca de cuarenta kilómetros de la capital de Mozambique, había sido construida casi en su totalidad por él: Les enseñó a cultivar con poca agua y les construyó su primera casa de cemento. Un hombre que siempre ha creído en la igualdad entre europeos y africanos, moviéndose según el lema: Si yo puede hacerlo, ellos también lo harán. Poca gente hay así en Mozambique. La mayoría de los europeos que viven en Maputo, principalmente portugueses, siguen manteniendo las costumbres del espirito colonialista: Todos tienen empleados negros, un guarda a la puerta de casa, entre otras costumbres que sería impensable que las tuviesen en sus países de origen. No hay empleados blancos, porque según las “leyes morales” de la sociedad Mozambicana, los blancos están hechos para mandar.

Partí con el objetivo de buscar afinidades y multiplicidades entre pueblos, aprender  de sus culturas, creencias y esperanzas, de sus singularidades. Un país en desarrollo acelerado, cambiando todos los meses, todas las semanas, todos los días. Paisajes espectaculares, playas paradisiacas, marisco barato y buen tiempo todo el año. Extrema simpatía por la parte de los nativos, aunque lo más espectacular de todo es el hecho de haber podido experimentar algo tan diferente, en todos los sentidos, de lo que uno está acostumbrado. Esto es Mozambique. El conocimiento puede estar en los libros, pero existen cosas que hay que sentir para saber exactamente lo que son y África no se limita a lo que está escrito en los libros. Sobre todo se ha quedado en mí un extraño deseo de volver a pisar esa tierra roja. 

domingo, 14 de dezembro de 2014

"Lisboa menina e moça"


Em cada esquina te vais 
Em cada esquina te vejo 
Esta é a cidade que tem 
Teu nome escrito no cais 
A cidade onde desenho 
Teu rosto com sol e Tejo 

Caravelas te levaram 
Caravelas te perderam 
Esta é a cidade onde chegas 
Nas manhãs de tua ausência 
Tão perto de mim tão longe 
Tão fora de seres presente 

Esta e a cidade onde estás 
Como quem não volta mais 
Tão dentro de mim tão que 
Nunca ninguém por ninguém 
Em cada dia regressas 
Em cada dia te vais 

Em cada rua me foges 
Em cada rua te vejo 
Tão doente da viagem 
Teu rosto de sol e Tejo 
Esta é a cidade onde moras 
Como quem está de passagem 

Às vezes pergunto se 
Às vezes pergunto quem 
Esta é a cidade onde estás 
Com quem nunca mais vem 
Tão longe de mim tão perto .Ninguém assim por ninguém .         Poema de Manuel Alegre

Reencuentros en el aeropuerto


Fotografias de la autoria de Sara Mota Fevereiro
Aeropuerto de Lisboa















Lembra-te


Poema de Mário Cesariny (1923-2006) -"Lembra-te"


Lembra-te 
que todos os momentos 
que nos coroaram 
todas as estradas 
radiosas que abrimos 
irão achando sem fim 
seu ansioso lugar 
seu botão de florir 
o horizonte 
e que dessa procura 
extenuante e precisa 
não teremos sinal 
senão o de saber 
que irá por onde fomos 
um para o outro 
vividos. 

Mário Cesariny, in "Pena Capital"

terça-feira, 2 de dezembro de 2014

Libro do Desassossego. Fernando Pessoa

En el Livro do desassossego, de escritura impotente, escribir es olvidar, y la literatura la manera más agradable de ignorar la vida. Las escrituras imposibles pessoanas son ejercicios de somnolencia: "Y es una brisa nueva esta somnolencia con la que puedo andar, inclinado hacia el frente en una marcha sobre lo imposible".
Como un arqueólogo recomponiendo los restos de una jarra que nunca existió completa, Pessoa realiza su práctica del fragmento. O livro do desassossego podría considerarse como un pálido indicio de ese espacio inexistente. El desasosiego es también "el cansancio de todas las ilusiones y de todo lo que hay en las ilusiones —la pérdida de ellas, la inutilidad de tenerlas, el antecansancio de tener que tenerlas para perderlas, el pesar de haberlas tenido, la vergüenza intelectual de haberlas tenido sabiendo que tendrían tal fin".
Pessoa declaró la tragedia principal de su vida como su privilegio de penumbra. Estaríamos frente a un alma para quien la acción ya no es consuelo y el conocimiento no supera el muro socrático salvo para perder la única certeza: "Todo queda envuelto por el frío del misterio": el horror metafísico del otro, la imposibilidad de ser, conocer y amar.
Muchos de los textos literarios que dejó incompletos eran con frecuencia apuntes para sí mismo. Prefirió considerar sus obras como apenas aproximadamente existentes y el Libro del desasosiego que nos legó es ese rompecabezas incompleto que se rearma una y otra vez. Como un clásico, Pessoa habría rechazado lo discontinuo e inacabado de su libro. Como un romántico, dejó la obra como está, en construcción, más inacabada cuanto más la preparaba. Habría concebido su obra para hacer hablar a aquello que no tiene palabra.
La obra de Pessoa no está hecha sino de hipótesis de escrituras nunca concretadas: como él mismo escribe, su instinto de perfección debería prohibirle lograr, y hasta debería prohibirle comenzar. El texto es siempre otro. No habría sino que abdicar frente a la supremacía del misterio. Alberto Caeiro, por ejemplo, no piensa, no pregunta ni interpreta. Su poesía intentaría iluminar con su visión lo que llama "la espantosa realidad de las cosas": el hecho de que una piedra sea una piedra y de que allí resida el supremo misterio del mundo.
Nuestro autor procuró contener "lo que tuvo forma sólo en una sonrisa o en una oportunidad..." Los relatos de muerte son la condición misma de la escritura, especialmente de la muerte de la memoria: le sucedía a Bernardo Soares el reencontrar pasajes que no recordaba haber escrito pero que tampoco recordaba haber podido escribir. Y entre estos universos de pasajes imposibles hay otros sesenta y tantos heterónimos de los que apenas nos llegan noticias. La creación heterónima traduce al mismo tiempo la impotencia de concebir y expresar la Unidad y la tentativa de aproximarse a ella bajo la forma de unidades diferentes. La visión de un universo que nos reenvía permanentemente a nuestra propia imagen es a la vez la de un ser humano prisionero de su impotencia radical. El "drama en gente" es eso mismo: su contenido sería el de la impotencia creadora.
La "oportunidad fallada" de Pessoa está en el origen de su metamorfosis en los heterónimos. El fracaso de Pessoa es la condición misma de las obras en que se multiplica. Y ha sido vista en esa acción a pesar de todo de Pessoa (pues escribir versos es una acción, aunque el tema sea el de la imposibilidad de actuar) una salida para los impasses de su existencia. Aunque ya no haya lugar alguno donde ir restaría por lo menos la tarea de expresar esa impotencia. En la derrota se hallaría su victoria.
En el caso de Alvaro de Campos, también nos hallamos frente a la conciencia de la derrota. Su disponibilidad para la contradicción y su esencia de fallado lo caracterizarían como un impotente, pero no por no tener energía sino porque su propia energía lo vuelve impotente.
El ataque a la gramática, y especialmente al verbo, representa una apertura a la multiplicidad de la inacción que de por sí abre los horizontes de las posibilidades del hacer: "Ver claro es no actuar". Por eso no se pretende explicar racionalmente o controlar el mundo, y esta actitud sería, paradójicamente, racional. Actuar sería practicar, imperfeccionarse, exiliarse, desorientarse.
En el caso de O Guardador de Rebanhos de Alberto Caeiro nos encontramos con una evocación de la imposibilidad de alcanzar aquello que trasciende la percepción humana. Allí el poeta buscaba lo "imposible por naturaleza". Y ha sido vista la heteronimia misma también como una búsqueda de respuesta a esas imposibilidades.
Nos encontramos en Pessoa entonces con una estética fragmentaria construida con los materiales del límite. Si la belleza es imposible, aún queda la descripción de su fracaso, lo que demanda soñadores consumados.
Pessoa se interesa en la literatura como punto de reencuentro y conflicto de una presencia y una ausencia, en un espacio donde las cosas son y no son al mismo tiempo. La literatura sería para el autor portugués una vía de conocimento que cultiva la paradoja, y la gran literatura sería por tanto siempre ontológicamente "débil" y filosóficamente fuerte. El llamado "caminho da Serpente" nos lleva a reconocer a la literatura como una gran red cognitiva y como una confesión de insuficiencia. O livro do desassossego, en particular, es la confesión de un ser cuyas virtualidades no pueden realizarse. Se trataría de un ser inacabado, haciéndose constantemente y por lo tanto sin futuro, como el libro.
Una especie de no-libro o libro imposible coronaría el itinerario de aquel que se quiso nuestro viajante sin camino. Del libro imposible, texto diferido sin cesar, símbolo de la incapacidad de dar forma a un texto cerrado sobre sí mismo y símbolo de su certeza de la imposibilidad de cerrar un texto, los compiladores han hecho por suerte el libro llamado O livro do desassossego, texto que Pessoa nunca tuvo físicamente frente a sí, libro imposible. Se trataba de la angustia de comprobar que: "hablábamos de las cosas imposibles y todo el paisaje real era imposible también".
El Livro do desassossego ha sido visto por el mismo Pessoa como una ensoñación permanente. Y el sueño no descansa porque está habitado por lo imposible. Según él, somos desilusionados que vivimos del sueño: ilusión de quien no puede tener ilusiones. El lugar del sueño es el de la potencia no realizada, la vida social durmiente. Y más vale no poseer el sueño, para no perderlo y, con él, el horizonte de lo imposible.

Escritores y textos caen y nacen. Y algunos nacen ya muertos o mueren al caer, buscando lo imposible: "La vida, dijo Tarde, es la búsqueda de lo imposible a través de lo inútil; así diría, si lo hubiera dicho, Omar Khayyam".
La lectura y el sueño también se vuelven imposibles. Inevitablemente, los sueños son también, de esta manera, historias imposibles e inacabadas que se realizan en el olvido: "Para realizar un sueño es preciso olvidarlo, distraer la atención de él. Por eso realizar es no realizar".
Pessoa ejemplifica entonces la voz de un exilio, el canto de lo imposible. Se pasó la vida haciendo catálogos de obras que nunca escribió. Su obra es un paso hacia esas literaturas imposibles definidas por la ausencia. Sus imposibles revelan lo que nunca se revela totalmente: algo sería posible en lo imposible. La poesía es en él la inminencia de la posibilidad de lo imposible.

Pessoa, escritor canónico portugués, hace hablar a las literaturas imposibles, ligando su escritura a un despertar de aquellas. Escribió para nombrar fracasos.